Teherán llora la muerte de su líder supremo en medio de una sucesión opaca y tensiones geopolíticas.
El funeral de Estado del ayatolá Ali Khamenei transformó Teherán en un escenario político, diseñado para proyectar fortaleza y continuidad institucional en uno de los momentos más críticos de la historia de la República Islámica. Mientras cientos de miles de dolientes llenaban las calles, la presencia pública de los hijos menos conocidos del difunto Líder Supremo, junto a altos mandos militares y civiles, tuvo un doble propósito: transmitir a la población que la jerarquía eclesiástica se mantiene intacta, al tiempo que se intentaba proyectar un frente unido ante los adversarios extranjeros durante las cruciales negociaciones en curso. El Teatro de la Sucesión: La Ausencia de Mojtaba y el Frente Familiar Históricamente, las transiciones de poder dentro de la República Islámica han sido meticulosamente orquestadas, pero profundamente disputadas a puerta cerrada. La actual crisis de sucesión se ve agravada por presiones de seguridad sin precedentes. El ayatolá Mojtaba Kh...