Barcazas de carga varadas en el lodo agrietado del río Amazonas seco.
El lecho agrietado y arcilloso del río Negro ahora se extiende donde antaño aguas profundas de color té transportaban enormes buques portacontenedores. En la ciudad portuaria de Manaos, corazón de la Amazonía brasileña, el nivel del agua ha descendido a su punto más bajo desde que se iniciaron los registros hace más de 120 años. Enormes barcazas de acero, cargadas con componentes electrónicos e industriales destinados a los mercados del sur, yacen inclinadas e inmovilizadas sobre bancos de arena expuestos. Este drástico retroceso hidrológico ha transformado la principal vía fluvial de Sudamérica en un laberinto de aguas poco profundas intransitables, dejando aisladas a comunidades enteras e interrumpiendo cadenas de suministro vitales. La mecánica de una crisis hidrológica sin precedentes La crisis actual no es una anomalía estacional temporal, sino el resultado acumulativo de graves anomalías climáticas. Los meteorólogos señalan una doble confluencia de factor...