Sorpresa electoral en Etiopía: Victoria de Abiy en medio de crecientes temores a un conflicto regional.

Una victoria aplastante, ¿pero a qué precio? Las elecciones en Etiopía y la sombra del conflicto

Etiopía acaba de concluir sus elecciones generales y los resultados son definitivos: el Partido de la Prosperidad del primer ministro Abiy Ahmed ha arrasado, obteniendo una abrumadora mayoría en el parlamento. Se trata de una victoria contundente para el primer ministro y sus seguidores, quienes esperan con ansias que continúe con sus ambiciosos planes para transformar la economía del país. Pero mientras se celebra la victoria en algunos sectores, un número significativo de etíopes y observadores miran con recelo hacia el futuro. Las elecciones, ensombrecidas por los conflictos en curso, las graves acusaciones de represión y la notablemente baja participación de los partidos de la oposición, han llevado a muchos a preguntarse si esta victoria podría estar allanando el camino hacia una mayor inestabilidad.

El dominio del Partido de la Prosperidad

Las cifras hablan por sí solas. El Partido de la Prosperidad obtuvo la asombrosa cifra de 438 de los 501 escaños en disputa. Este resultado decisivo significa que Abiy Ahmed jurará su cargo para un nuevo mandato como Primer Ministro, probablemente a principios de octubre. Para quienes creen en su visión de reforma económica, esta es una noticia fantástica. Destacan el progreso alcanzado durante su mandato anterior y anticipan la continuación de esa trayectoria positiva.

Semillas de duda y profundización de las divisiones

Sin embargo, bajo la superficie de este triunfo electoral subyace una palpable sensación de inquietud. Los críticos y quienes han sufrido las consecuencias de los conflictos internos del país temen que, bajo el liderazgo de Abiy, las profundas divisiones de Etiopía y los apremiantes desafíos de seguridad no hagan sino intensificarse. El Primer Ministro llegó al poder por primera vez en 2018, en medio de una ola de protestas antigubernamentales. Inicialmente, fue elogiado por sus esfuerzos para sanar el tejido social fracturado del país. Sin embargo, su enfoque pronto lo enemistó con figuras influyentes de la región norteña de Tigray, quienes habían ejercido un gran poder en el gobierno durante más de dos décadas. Un año después, sus logros en política exterior, en particular el fin de la prolongada hostilidad con la vecina Eritrea, le valieron el Premio Nobel de la Paz. Pero la paz, tan duramente conquistada, tanto a nivel nacional como internacional, ahora parece cada vez más frágil.

Zonas de conflicto ignoradas por las urnas

La cruda realidad sobre el terreno durante el día de las elecciones reflejó un panorama desolador. Los problemas de seguridad, derivados de los continuos enfrentamientos entre grupos armados y el gobierno, obligaron al cierre de 143 centros de votación en dos de las regiones más pobladas de Etiopía. No se trataba de simples escaramuzas; eran zonas de conflicto activas. En la región de Amhara, las milicias Fano han sido una fuerza significativa, mientras que en Oromía, el proscrito Ejército de Liberación Oromo (OLA) ha estado involucrado en una violenta insurgencia. Ambos grupos exigen mayor autonomía y han rechazado explícitamente la legitimidad de las elecciones y sus resultados. Su continua resistencia ensombrece la pretensión de representación democrática de las elecciones.

El dilema de Tigray: Una región excluida

Para complicar aún más la situación, la región de Tigray, que todavía lidia con las secuelas de una brutal guerra civil de dos años que concluyó en 2022, fue completamente excluida del proceso electoral. Los seis millones de habitantes de Tigray, repartidos en 38 circunscripciones, no pudieron votar. Esta exclusión ha intensificado los temores de que la región pueda convertirse nuevamente en un foco de conflicto. La guerra de Tigray fue uno de los conflictos más devastadores de este siglo. El mediador de la Unión Africana estimó que se perdieron la asombrosa cifra de 600.000 vidas, lo que llevó a la región al borde de la hambruna. Las acusaciones de que el gobierno bloqueó deliberadamente la ayuda alimentaria a la región fueron negadas con vehemencia, pero las cicatrices de ese conflicto son profundas.

Las cambiantes alianzas de Eritrea y sus ambiciones en el Mar Rojo

El panorama geopolítico de Tigray se complica aún más por su frontera con Eritrea. Durante la guerra civil, las fuerzas tigrayanas lucharon junto a las tropas del gobierno etíope, y juntas fueron acusadas de atrocidades generalizadas contra la población civil tigrayana; acusaciones que fueron, y siguen siendo, negadas por las partes involucradas. Sin embargo, en un giro dramático de los acontecimientos desde el fin de la guerra, las relaciones entre Addis Abeba y Asmara se han deteriorado considerablemente. Eritrea, con su acceso estratégico al Mar Rojo, ha acusado abiertamente a Etiopía, país sin litoral, de albergar ambiciones imperialistas. En los últimos tres años, el primer ministro Abiy Ahmed ha manifestado en repetidas ocasiones la urgente necesidad de su país de recuperar el acceso a un puerto en el Mar Rojo, una vía económica vital que Etiopía perdió cuando Eritrea obtuvo la independencia en 1993. En un giro sorprendente, Eritrea ha forjado una alianza con los líderes de Tigray. Esta nueva alianza implica que, de estallar otro conflicto, es muy probable que Eritrea se alíe con las fuerzas de Tigray, y viceversa. Esta compleja red de lealtades cambiantes crea una dinámica regional volátil.

Ecos de la guerra en Sudán

La inestabilidad no se limita a las fronteras de Etiopía. Adís Abeba también ha enfrentado acusaciones de participación en la guerra civil en curso en Sudán, país que comparte frontera con Etiopía y Eritrea. Numerosos informes sugieren que Adís Abeba ha brindado apoyo a una de las facciones beligerantes de Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), aunque Etiopía ha refutado sistemáticamente estas afirmaciones. Mientras tanto, se sabe que Eritrea y las fuerzas de Tigray mantienen estrechos vínculos con el ejército sudanés, que actualmente se encuentra en conflicto con las RSF.

Una mezcla tóxica de tensiones regionales

Esta confluencia de factores —relaciones tensas, alianzas cambiantes, conflictos sin resolver y acusaciones de injerencia externa— ha creado lo que solo puede describirse como un cóctel tóxico de tensiones regionales. El potencial de que estos conflictos se extiendan y desestabilicen el Cuerno de África en general es motivo de grave preocupación. Y en medio de este panorama volátil, el primer ministro Abiy Ahmed no parece estar posicionándose como un artífice de la paz.

La persistente enemistad con el TPLF

La profunda animosidad entre el gobierno de Abiy y el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), la fuerza política dominante en Tigray, se resolvió aparentemente con el acuerdo de paz firmado en noviembre de 2022. Sin embargo, ambas partes continúan acusándose mutuamente de violar los términos de dicho acuerdo. El recuerdo del devastador conflicto, con su inmenso costo humano y las condiciones de casi hambruna que provocó, aún está muy presente.

Reclutamiento y renovadas tensiones en Tigray

Justo antes de las recientes elecciones, el TPLF reinstauró su administración de preguerra, desmantelando la administración interina que había sido designada por el primer ministro Abiy. Esta medida ha sido interpretada por algunos como una señal de crecientes tensiones. Cameron Hudson, analista de África, sugiere que los tigrayanos están "haciendo gestos y declaraciones que indican que se están preparando para reanudar los combates". Han surgido informes sobre el reclutamiento forzoso de jóvenes por parte del TPLF para unirse a sus filas. Shewit Wudassie, política de la oposición en Tigray, expresó su preocupación: "La gente en Tigray está preocupada porque muchos jóvenes están siendo reclutados para unirse al ejército". Un joven de Adwa, que habló de forma anónima, relató cómo individuos armados vestidos de civil se acercaron a su casa para informarle de su detención y obligarlo a unirse a la "lucha armada". Sin embargo, las autoridades locales han negado cualquier caso de "reclutamiento forzoso", afirmando que "los jóvenes simplemente están recibiendo entrenamiento para defenderse". Tesfaye Abadi, jefe de seguridad en el noroeste de Tigray, ofreció esta explicación. Sin embargo, Hudson plantea que estas acciones del TPLF también están siendo influenciadas por el gobierno del primer ministro Abiy, el cual, según él, se ha alejado del acuerdo y ha realizado movimientos amenazantes contra los tigrayanos.
Ethiopia's Election Upset: Victory for Abiy Amidst Deepening Regional Conflict Fears

A diferencia del fervor inicial observado en los primeros días de la guerra civil, parece haber una clara falta de interés por un retorno al conflicto a gran escala entre la población de Tigray.

Advertencias y sanciones internacionales

La escalada de tensiones no ha pasado desapercibida para la comunidad internacional. La Unión Europea emitió recientemente una severa advertencia, exigiendo una desescalada inmediata en el norte de Etiopía. Estados Unidos, actor clave en la negociación del acuerdo de paz de 2022, ha adoptado un enfoque más directo, anunciando restricciones de visado selectivas para "miembros radicales del TPLF y sus familiares directos". Si bien no se revelaron nombres específicos, la razón declarada para estas restricciones fue que se trata de personas consideradas "responsables o cómplices de socavar la resolución de la crisis en la región de Tigray".

¿Un equilibrio peligroso?

Magnus Taylor, analista del Cuerno de África en el International Crisis Group, no prevé una reanudación inmediata de la guerra. Sin embargo, advierte que la persistente tensión de baja intensidad representa un "escenario peligroso". Explica: "Con esta política regional tan polarizada y tóxica, en la que Adís Abeba cree que el TPLF está del lado de los enemigos de Etiopía, existe una mayor probabilidad de que la situación se intensifique y derive en un conflicto regional centrado en Tigray".


Para Shewit, la política de la oposición en Tigray, el problema fundamental radica en la intransigencia de ambas partes. Ninguna está dispuesta a "abordar sus diferencias mediante negociaciones". Teme que "estén esperando el momento oportuno para imponer su poder, lo que podría desembocar en un enfrentamiento".

Los Meses Cruciales que Se avecinan

Según Hudson, los próximos meses serán cruciales para definir el futuro de Etiopía. Expresa la preocupación, compartida por muchos observadores, de que el Primer Ministro Abiy Ahmed pueda aprovechar su poder político consolidado "para poner fin al conflicto en Tigray de una vez por todas". La cuestión crucial que se cierne sobre Etiopía es si esta consolidación conducirá a una paz duradera o si, por el contrario, desencadenará nuevos conflictos. La nación se encuentra en una encrucijada, con un futuro incierto.

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